¡Qué curioso este mundo en el que vivimos!, este mundo globalizado, en el que el aleteo de una mariposa en un lugar cualquiera provoca un huracán en el otro extremo del planeta; y por otra parte con tantas diferencias, sobre todo en oportunidades, entre los que lo habitamos. ¡Qué curioso!
O sea, global pero diferente, unido pero distante, vinculado pero jerarquizado, hermanado pero sectario.
Ahora resulta que aquella famosa lucha de la producción de biocombustibles como futuro hacia un mundo sin petróleo; o al menos, con menor dependencia de él. Aquel futuro en el que todos los vehículos contaminarían menos y su “líquido vital” ya no provenía del petróleo sino de las plantas. Aquel futuro en el que algunos científicos y visionarios imaginaron un mundo feliz como Huxley se está convirtiendo ya en presente, y...
Del total del parque automovilístico mundial, los vehículos que utilizan, o pueden utilizar biocombustibles no llegan al 5%, aún así, la demanda de materias primas para producirlo se ha disparado de tal forma que los precios del arroz o del maíz se han duplicado en muy poco tiempo, es la ley del mercado, oferta y demanda. A mayor demanda, mayor subida de precios, de esta forma millones de personas que tenían estos alimentos como básicos, empiezan a notar la escasez y se cierne sobre ellos la sombra de una posible hambruna que afectaría a millones de personas. Sería cínico comentar que en los países más industrializados estamos notando un aumento notable del IPC, que hace que se resienta nuestra cesta de la compra; si por otro lado estamos hablando de la vida de millones de personas.
Los proveedores de este tipo de plantaciones las venden al mejor postor, que son las productoras de biocombustibles, así que ahora contaminamos menos, gastamos menos petróleo, pero matamos de hambre a medio planeta. Curioso por no decir patético.
Leí hace poco que llenar el depósito con combustible biológico cuesta lo que una familia consume en arroz o maíz durante un año, pero uno mantiene la conciencia ecológica salvaguardada ya que supuestamente ayuda al planeta puesto que contamina menos. Además se hacía un cálculo que no dejó de sorprenderme: para que todos los automóviles del planeta pudieran utilizar biocombustible sería necesario destinar todos los cultivos de seis planetas como el nuestro, y mucho me temo que sólo tenemos uno y está muy mal repartido.
Así que ahora, cuando voy a un restaurante le pido al camarero: lleno por favor.
O sea, global pero diferente, unido pero distante, vinculado pero jerarquizado, hermanado pero sectario.
Ahora resulta que aquella famosa lucha de la producción de biocombustibles como futuro hacia un mundo sin petróleo; o al menos, con menor dependencia de él. Aquel futuro en el que todos los vehículos contaminarían menos y su “líquido vital” ya no provenía del petróleo sino de las plantas. Aquel futuro en el que algunos científicos y visionarios imaginaron un mundo feliz como Huxley se está convirtiendo ya en presente, y...
Del total del parque automovilístico mundial, los vehículos que utilizan, o pueden utilizar biocombustibles no llegan al 5%, aún así, la demanda de materias primas para producirlo se ha disparado de tal forma que los precios del arroz o del maíz se han duplicado en muy poco tiempo, es la ley del mercado, oferta y demanda. A mayor demanda, mayor subida de precios, de esta forma millones de personas que tenían estos alimentos como básicos, empiezan a notar la escasez y se cierne sobre ellos la sombra de una posible hambruna que afectaría a millones de personas. Sería cínico comentar que en los países más industrializados estamos notando un aumento notable del IPC, que hace que se resienta nuestra cesta de la compra; si por otro lado estamos hablando de la vida de millones de personas.
Los proveedores de este tipo de plantaciones las venden al mejor postor, que son las productoras de biocombustibles, así que ahora contaminamos menos, gastamos menos petróleo, pero matamos de hambre a medio planeta. Curioso por no decir patético.
Leí hace poco que llenar el depósito con combustible biológico cuesta lo que una familia consume en arroz o maíz durante un año, pero uno mantiene la conciencia ecológica salvaguardada ya que supuestamente ayuda al planeta puesto que contamina menos. Además se hacía un cálculo que no dejó de sorprenderme: para que todos los automóviles del planeta pudieran utilizar biocombustible sería necesario destinar todos los cultivos de seis planetas como el nuestro, y mucho me temo que sólo tenemos uno y está muy mal repartido.
Así que ahora, cuando voy a un restaurante le pido al camarero: lleno por favor.

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