10 ago. 2013

4 feb. 2013

Largaos - por Risto Mejide



Largaos de una vez. Largaos, sí. Los que trincáis, los que habéis trincado, los que permitisteis que otros trincaran y los que todavía hoy no hacéis nada por que se deje de trincar. Todos. Sobráis, de verdad, dejadnos en paz de una puñetera vez.

Dais asco. Vuestra falta de vergüenza ha llevado la nuestra hasta límites que jamás deberíamos haber conocido. Y ahora os cubrís el culo los unos a los otros, un culo que tenéis tan sucio que hasta las pústulas de vuestra ignominia os han invadido el cerebro, y ya no es posible distinguir vuestras declaraciones rellenas de mierda de la peste que emana de un zurullo común.

Callaos. Callaos de una vez. Dejad de contaminar los medios, las noticias y nuestro estado de ánimo. Dejad de hacer comunicados y ruedas de prensa, disolved todos los chanchullos, deponed vuestros privilegios y salid con la cabeza bien baja y las manos en alto.

Dejad de desanimar a la gente. Dejad de decirnos que todo fue por nuestra culpa. Dejad de tomarnos por gilipollas. Ah, y no os atreváis a volver a decir que sois reflejo de la sociedad en la que vivís. Que si robasteis fue porque os lo pusieron delante. Que sois víctimas de un vacío legal, un entorno corrupto y una dudosa moral. Que sois reflejo de la gente, representantes elegidos por el pueblo. Vosotros no sois pueblo, vosotros sois escoria.

Devolvedlo. Devolvedlo todo. El dinero, las propiedades, los cargos, las dietas, los sobresueldos, las comisiones, la dignidad que os quede y la honorabilidad que algún día se os supuso. Y cuando hayáis acabado, devolved la nacionalidad que se os dio por error. Porque no merecéis formar parte ni de este ni de ningún país. No hagáis ni las maletas, saltad por la borda, como las ratas, salid nadando. Y quien no sepa, que se joda, francamente nos da igual.

Pedid perdón. Disculpaos. Ante todo aquel que votó. Ante todo aquel que piensa seguir votando. Porque ellos han creído en un sistema democrático que vosotros habéis violado, sodomizado y puesto del revés. No, yo no os concedo la presunción de inocencia. Porque cuando uno deja que ciertas cosas ocurran, acaba siendo cómplice aunque solo sea por ignorancia, por desidia u omisión.

Y por último, largaos, sí, pero sin dejar rastro. Ni se os ocurra nombrar sucesores, ni gestores, ni primos segundos que calienten vuestra silla. No tengáis la cara dura de intentar dejar un legado. Vuestro único legado será la vergüenza. Y tampoco os atreváis a interponeros nunca más entre la gente de bien y sus lícitos objetivos. Porque en este país aún quedan ciudadanos, empresas e incluso algún político honrado que construyen, que siguen luchando y que ahora ya solo tienen una misión: que no les jodáis la vida, que les dejéis hacer.

Pero sobre todo y ante todo, por lo que más queráis, seguid ignorando estas órdenes, exigencias demagógicas de un publicista que de vez en cuando hace el capullo en televisión.

Seguid creyendo que no pasará nada. Porque así quedará menos para que pase.

30 ene. 2013

Amargo final

El pasado domingo 16 de Diciembre visitamos, no por voluntad, el cementerio de Roques Blanques para dar el último adios a mi abuelo Paco -un avi collonut-. En los últimos años él vivía en la Residencia d’avis Trinitat arropado por proximidad por su hija, nieta y biznietos. El abuelo construyó una gran familia. 
El mismo domingo, apenas tres o cuatro horas después de la emotiva y triste depedida, decidimos ir a la Residencia para recoger sus objetos personales, ropa, … ese amargo momento de vaciar el armario, retirar de la mesita de noche sus enseres; un proceso que forma parte del duelo, un proceso íntimo que siempre hay que respetar. Cual fue la sorpresa (eufemismo), cuando todas las cosas del abuelo estaban metidas en una bolsa de basura, el cuadro de su Alcañiz natal y que tan orgulloso enseñaba estaba descolgado en el suelo y otra persona en su cama aún caliente. 
La Cooperativa Suara, responsable de las instalaciones, explican con “orgullo” que su misión es la atención a las personas, hablan de calidad de vida, con valores como la cercanía y la proximidad al residente, a los clientes, algo que el pasado domingo desapareció de un plumazo. Poco sentido común, una falta de sensibilidad enorme, poco respeto y una lógica y mayúscula indignación de la familia ante un hecho tan lamentable y tan poco humano. 
Comprendo perfectamente la necesidad de ocupar una cama vacía ante las largas y lamentables listas de espera, pero también estoy convencido que esperar cuatro horas no es pedir demasiado, de la misma forma que el final y despedida de un residente de un centro de Gent Gran nunca debería ser una bolsa de basura en el suelo.