24 may 2007

Mordiendo un cruasán

No negaré, sería absurdo, que una dieta equilibrada, justa en calorías, hidratos de carbono, proteínas, vitaminas, minerales y demás, es más sana para nuestro cuerpo; pero no sé si lo es tanto para nuestra mente.
Paseando por cualquier calle de mi, cada vez más desconocida, ciudad; si por casualidad se cruza en mi camino una panadería, una pastelería o similar, esos establecimientos que emanan efluvios de levadura caliente, azúcar glasé, chocolates y cremas, es cuando el instinto animal aflora en mí de forma inexorable, es imposible detenerlo, !además sería ir contra natura!
Rebusco en mis bolsillos tratando de conseguir la cantidad necesaria de euros para poder efectuar el trueque y deleitar mi alma con un crujiente, dorado y relleno, cruasán de chocolate. Cualquier precio sería poco para satisfacer un instinto cultivado desde los comienzos de la humanidad. ¿Quiénes somos nosotros para ir en contra de aquello que reside en lo más profundo de nuestro ADN y que ha pasado de padres a hijos a través de miles de generaciones, desde el Homo Erectus? El instinto, ese instinto que nos hace animales; lo de "racionales" ya depende de un factor de suertes coyunturales.
No podemos destruir nuestro pasado, más al contrario debemos alimentarlo, y en mi caso, mi aportación a esta humanidad, a estas raíces que nos unen a todos como seres humanos es, mordiendo un cruasán.

1 comentario:

Anónimo dijo...

precisamente es la capacidad que tiene nuestra mente (si, racional) de autocontrolar estos deseos, instintos, pulsiones... lo que nos distingue de los animales.

Que diría Freud de todo esto, David?

disfruta del cruasan, que estan deliciosos.