28 ene 2008

Low Cost

Que volar en avión, desde Barcelona a cualquier capital europea, sea más barato que desplazarse en taxi, desde un barrio periférico como el mío, al centro de la ciudad, es una oportunidad para viajar casi irrenunciable.
Las compañías llamadas Low Cost promocionan billetes de avión a precios irrisorios, o no tanto, ya que no se incluyen esas misteriosas tasas que hacen que el billete acabe costándote bastante más de lo que promocionan. En no pocas ocasiones he visto billetes a 0 euros, gratis a priori, que una vez incluidas tasas el atractivo 0 se ha convertido en una cifra de dos o tres dígitos.
¿Los costes se reducen a base de qué exactamente? Como decía aquel ejecutivo de British Air, “ahorrando una oliva de cada menú que ofrecemos en todos nuestros trayectos ahorramos al año más de un millón de dólares”. En algunas compañías he podido comprobar, a costa del estomago, que no sólo ha desaparecido la famosa oliva; si no que el tentempié se ha sustituido enteramente por unos caramelos, que lo único que alimentan son las caries. De otro modo el ahorro en otras compañías se produce a base de llevar a los pasajeros hasta el avión atravesando a pie las pistas en vez de en esos extraños autobuses (aunque pueden alegar en su favor que es para no contaminar), como en el aeropuerto de Girona, que si viajas con la compañía aérea Ryanair te hacen correr por las pistas con la maleta de mano, eso sí, hay algunas personas que te dicen: “adelante” o bien “stop... stop” cuando un 747 pasa por delante tuyo, ya se sabe que un 747 a 200 km/h siempre tiene preferencia. En otros casos, las compañías aéreas buscan nuevas formas de generar recursos, como una que monta en los vuelos pases de moda por el pasillo del avión en busca de potenciales compradores (juro que es cierto).
Las compañías Low Cost son fantásticas aprovechando el espacio, al igual que el “teorema de la oliva” de British Air, hay otra compañía que su teorema es: “si reducimos el espacio entre asientos 10 centímetros, caben 50 pasajeros más”, con lo cual, además de mayores ganancias pecuniarias, una persona de tamaño medio, no hace falta ser Pau Gasol, tiene durante todo el vuelo sus rodillas clavadas literalmente en los riñones del pasajero de delante, del mismo modo el pasajero de detrás tiene sus rótulas en los tuyos. Recuerdo el último vuelo que tuve ocasión de “disfrutar” en el que palpé claramente con mis rodillas unas piedras en los riñones del pasajero de delante de mí y se lo hice saber, sobretodo por si podía solucionar el posible problema, una vez de vuelta a casa, consultando con su médico antes de que esas piedrecillas fueran a más y sufriera un doloroso cólico; el agradecido viajero, una vez llegamos al destino, me advirtió que no eran piedras en el riñón si no mis propios meniscos los que estaban en sus órganos internos.
Buscando en la red ofertas de ultima hora para viajar más barato, he encontrado una muy llamativa, “Vuelo directo a la playa”, así que me pondré el bañador y al aeropuerto!.

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