23 jun 2007

La paradoja del queso


Estando con mi novia en cualquier lugar, haciendo cualquier cosa, esto es lo de menos, podemos discutir durante largo tiempo sin llegar a conclusión alguna sobre lo que llamamos “La paradoja del queso”.

Pasen los días que pasen, da lo mismo, recurrimos una y otra vez a esta paradójica teoría en la que nuestras opiniones son encontradas y que cada uno, con la vehemencia que le es posible, defiende con lógica aplastante su postura con argumentos cada vez más elaborados, obtenidos estos últimos de las cientos de veces que hemos hablado del tema.

Pues bien, paso a exponer de la forma más objetiva posible “la paradoja del queso” para que el lector saque sus propias conclusiones al respecto, algo que sin duda no ayudará a la mejora de la vida en nuestro planeta, ni a la pobreza ni el hambre en el tercer mundo, ni ayudará contra la tala indiscriminada de árboles, ni salvará a las ballenas ni a los pronombres “febles”.

TEORÍA:
Un queso con agujeros, pongamos por caso el queso Gruyère (creo que tiene agujeros, no soy un experto en productos lácteos), en caso de tenerlos, cada espacio vacío que tiene el queso en su interior, cada burbuja de aire, es un espacio del queso que no tiene queso.

Cuantos más agujeros tiene el queso, tendrá por lo tanto, menos queso.
Si cuanto de mayor tamaño es el queso, el número de agujeros y por lo tanto de espacios vacíos es mayor, llegamos a la conclusión de que: a más queso menos queso.

Pues con esto nos podemos pasar ella y yo largas horas, en fin, cada uno gasta sus neuronas como mejor le place. Eso sí, por si acaso siempre compramos queso manchego, por lo que pueda ser.

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