7 abr 2008

Ken Lee

En los 70, cuando estudiaba la EGB (que antiguo suena eso), no tuve la oportunidad de elegir que idioma extranjero aprender, así que me tocó sumergirme en la vecina lengua gala, un hecho que continuó durante BUP y COU y que, sin yo saberlo, me alejaba irreversiblemente de la globalización y la modernidad necesaria del mundo actual donde el inglés se utiliza hasta en el supermercado. Por suerte aún puedo pedir una “bagette” en la panadería de enfrente y no morir de hambre, gracias a que este tipo de barra de pan (que calentita y recién hecha está deliciosa, aunque se endurece a una velocidad inusitada) utiliza su acepción francesa “bagette” para la típica barra de cuarto de toda la vida.
Por lo demás, mi nivel de inglés es el que he ido absorbiendo del mundo que me rodea y que me sirve para cantar canciones añadiendo siempre un “chugedaaa, forevaaa” que aprendí de Rick Astley. Con mi compañera de trabajo y amiga Carmen, siempre cantamos en ¿inglés? con un “güan chú, güan chú,...” que aprendí de ella y que como un comodín se adapta a todo tipo de canciones y géneros, ya sean los Beatles, Sinatra o Daft Punk, da igual.
Mi complicada infancia idiomática no me exime de mi culpa de no aprender en la actualidad el anglosajón idioma, más con las facilidades que hay, “Aprende inglés con 1000 palabras” por ejemplo, que digo yo que ni sumando las palabras que sé en castellano y catalán juntas suman 1000, aunque el problema real no es tanto saber 1000 palabras en inglés sino ligar luego las palabras unas con otras en frases inteligibles.
Envidio, sanamente, a mi pareja que domina el inglés como si hubiese nacido en Manchester y no en el Eixample, o a mi amigo Marc, alias “Torretes” que tras un tiempo viviendo en Irlanda volvió con un nivelazo de inglés y un amor irreductible por las “Guinness”.
El inglés nos rodea, nos acorrala y cuando no puedes vencer al enemigo, no te queda más remedio que unirte a él, y ahora en el gimnasio hago “fitness” y evito comer “bacon” que engorda más que la panceta, es el “handicap” que tienen los “lunchs”, los aperitivos de antes engordaban menos, por eso si me paso de calorías en las comidas hago “body-pump” o “gym-jazz”, y durante varios días como de “Tupper-ware”.
Para sentirme mejor he dejado de llevar calzoncillos, y no es que mis genitales bailen ahora libremente, cual badajo campanero en el interior de mis pantalones, sino que llevo “slips” o “boxers” dependiendo de las circunstancias...
Ahora saco “tickets”, compro “compacts”, como “sandwiches”, voy al “pub”, me froto la cara con “after shave” después de afeitarme, me embadurno de “after sun” cuando vuelvo de la playa, practico “rappel” y “raffting”, y si pillo un resfriado me limpio los mocos con un “kleenex”, creo que estoy perdiendo los sentimientos y se me están transformando en “feelings”. Que “heavy”.
En el trabajo nos reunimos en muchas ocasiones con el departamento de “marketing” para “brain storms”, cuando no, vía “mailing” nos envían a algún “meeting” u organizan un “training”, que según el “manager”, que estudia un “master”, es para subir en el “ranking”, aunque suele llegar tarde porque no encuentra “parking” para su Audi, y es que es un poco “yuppie”. Durante el descanso de la reunión hacemos un “coffe break” y vamos a un “self-service” con los “stands” de postres más apetitosos de los alrededores, yo siempre me pido un ”plum-cake”, mucho más rico que cualquier vulgar bizcocho.
Cuando acaba la jornada me voy a casa escuchando mi “walkman”, llego agotado y abro la nevera para buscar algo ”light”, y es que me gusta cuidarme, por eso me pongo tanta cremas “anti age”, por fin me tumbo en el sofá y hago “zapping” cuando en mitad del “magazine” o el “late-show” de Buenafuente ponen “spots”.
Me suelo dormir rápidamente y es que no sé si tengo “stress” o es que estoy hasta los cojones.
“chugedaaaaaa..., forevaaaaaa...”

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