25 ene 2008

Pachelbel, ayúdame.

Tocar la guitarra siempre me ha parecido algo sumamente complicado, cuando he tenido la oportunidad de tener una en las manos, no he ido más allá de tocar las cuerdas arriba y abajo y poner cara de músico concentrado, pero notas, lo que se dice notas, más bien ninguna; lo único que notas, como mucho, es un leve dolor de cabezas de lo inarmónico y arrítmico que puedo resultar con tal demoníaco instrumento.
Por otro lado, en casi cualquier reunión de amiguetes, hay alguien que sabe, en mayor o menor medida, tocar la guitarra, lo cual acrecienta mi consciencia de la falta de psicomotricidad musical que tengo, ya que en esas situaciones musicales soy aún más consciente de mis múltiples carencias como ser humano.
Mi tío Chema, por el contrario, siempre ha sido una persona muy musical, desde pequeño, congas, cucharillas de café, teclados, gomas de pollo, todo lo que caía en sus manos lo hacía sonar, además de componer sus propias canciones y que ahora hay que sumarle al conjunto de personas que saben tocar la guitarra. Bien por él, porque es algo que tenía pendiente hace mucho años y por fin lo ha conseguido.
Algunas personas me comentan que con cuatro notas ya se es capaz de tocar cientos de canciones, el problema es cuando no se tienen ni esas cuatro notas (¿dónde se esconden?). Además te lo dicen así como: “Claaaaro..., si es muy fácil”. Y te miran como si fueras tonto del culo, añadiendo: “¿tú tocas algún instrumento?”, sí..., si consideras instrumento de viento los pliegues del final de mi recto, y mis nalgas un sintetizador.
De nada sirve enfadarse con uno mismo, y tampoco con los demás, debo ir poco a poco y no perder la esperanza. Me voy a apuntar a tocar el chelo, seguro que Pachelbel y su famoso Canon me ayudaran algún día a saber tocar la guitarra.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Juas, juas, juas!! Boníssim!! Per cert, bones vacances.